jueves, 4 de abril de 2013

El último Catón, de Matilde Asensi





















Siento discrepar con muchos de los lectores de esta autora, y, probablemente, con la misma autora, pero no, El último Catón no es una gran novela... ni siquiera creo que sea una buena novela.

Una monja experta paleógrafa del Vaticano se encargará de descifrar unos extraños tatuajes en el cuerpo de un hombre asesinado. Esto la llevará a una extraña aventura acompañada del capitán de la Guardia Suiza y de un arqueólogo afincado en Alejandría en la que tendrán que visitar siete ciudades y superar diversas pruebas.

Matilde Asensi.
Creo que es más fácil si empiezo por lo que hace bien Matilde Asensi. Tiene un buen sentido de la narrativa comercial, es decir, del thriller de best-seller en este caso. Raciona habilmente las diferentes dosis de documentación histórica combinándolas con las incógnitas creadas por ella para dejarnos con las ganas de seguir leyendo, y de resultas es un libro entretenido.

Pero yo he sentido más desconcierto al leerlo por el poco acierto que muestra en muchos aspectos que placer o expectación hasta el final. Las reacciones, conocimientos y sentimientos de los personajes no cuadran con el diseño de su currículo, ni con su edad ni con nada que tenga el más mínimo sentido. Sus acciones son extemporáneas, abruptas y discordes con el carácter general que debería servirnos para identificarnos con ellos, y por lo tanto las motivaciones que el lector debería seguir e incluso compartir se pierden en el vacío de lo que son en realidad: caracteres planos.

Las diferentes etapas que componen la aventura se producen sin puntos de inflexión narrativos de relevancia. Por lo tanto son reiterativas, y además la autora no se digna a buscar una justificación a hechos como "uy, han estado a punto de matarme y además me pueden matar en cualquier momento pero me apetece darme una duchita y además pelar la pava un poco". ¡Eso es estoicismo y no lo del último Catón!

El romance en la novela, y no estoy para nada en contra de romances, sobre todo en una novela comercial, es de chiste. El amor sobreviene porque Asensi debe tener un esquema con el momento exacto, pero ni se explica por la procedencia emocional de los personajes ni por el desarrollo íntimo de los mismos. Así que uno lee esta parte con un suspiro de resignación y un "pues vale" en los labios.

Dante Alighieri.
La documentación histórica es extensa, pero no intensa. ¿A santo de qué investigar tanto si luego en más de una ocasión haces lo que quieres y ni siquiera lo disfrazas mucho para que no se note? Es loable la conjunción de los datos históricos con la trama ideada por la autora, y da muestra de una gran imaginación, pero adolece de poco cuidado y rigor a la hora de tratar esta documentación.

Por último la prosa de Matilde Asensi no es incorrecta. Y con eso lo digo todo. Justita, justita... por los pelos, vamos.

LO PEOR DEL LIBRO.

Tiene graves defectos entre el diseño de los personajes y las acciones que emprenden, en muchos casos sin causa aparente conocida. Además la estructura de la novela es reiterativa en exceso. Cuando la autora necesita momentos de distensión narrativa los intercala donde le pille, así sea en plena persecución.

LO MEJOR DEL LIBRO.

Sabe establecer muy bien el paradigma de thriller, salvaguardando la intriga de capítulo en capítulo.

CONCLUSIÓN.

Es una novela para pasar un rato ameno, si uno no es muy quisquilloso y es amante del género.

miércoles, 3 de abril de 2013

La Biblia de barro, de Julia Navarro

























Un fabuloso hallazgo en Irak, a manos de un arqueólogo que trabaja en pleno régimen de Sadam, da a conocer supuestamente la primera Biblia del mundo revelada a Abraham, escrita en unas tablillas de barro. Así mismo un misterioso y anciano traficante de arte, que en su jueventud perteneció al régimen nazi, despertará las ansias de venganza de varios individuos.

Una trama ideada con imaginación y gancho estructurada a modo de thriller para deleite de masas que en realidad no termina de cuajar. Esto se debe a que todo lo que Julia Navarro despliega en creatividad le falta en talento como escritora.

Julia Navarro.
Las abundantes redundancias en expresiones, elipsis temporales que no se corresponden con los tempos de la narración y le hacen a uno sospechar si la autora releía lo escrito antes de continuar o si realmente se enteraba de lo que escribía, así como un esfuerzo en el diseño de personajes que no se traduce en una mayor profundidad sino en confusión entre las motivaciones de cada uno y lo que lee, todo ello avoca al lector finalmente al tedio o incluso al enfado por el poco saber hacer de la autora.

LO PEOR DE LIBRO.

Que la autora tiene serios problemas para mantener una narración coherente. Llanamente.

LO MEJOR DEL LIBRO.

La idea argumental. Todo un clásico desde que cae el régimen nazi pero que aquí se intenta reinventar relacionándolo con la guerra de Irak y el tráfico de arte.

CONCLUSIÓN.

Una muy buena historia que se va derrumbando al ritmo de la torpeza narrativa de Julia Navarro.

martes, 2 de abril de 2013

La mula, de Juan Eslava Galán

 



















El cabo acemilero Juan Castro Pérez se encarga del transporte por zonas inaccesibles por otros medios gracias a una recua de mulas en plena Guerra Civil española. Un día se topa por casualidad con una mula perdida, y se hace cargo de ella con la intención de no contabilizarla con las demás, y poder llevarla a su casa al finalizar la contienda.

Una novela enmarcada en la temática belicista de la Guerra Civil pero con un argumento nada habitual en este tipo de narraciones, y por eso mismo muy de agradecer. Las vicisitudes de una persona esencialmente buena que se rodea de una serie de anhelos auspiciados por las extrañas circunstancias de una guerra fratricida. Juan Castro se encariñará con la mula, a quien llamará Valentina; en un pueblo cercano al campamento conocerá a una joven de quien se enamorará e iniciará una relación que si bien físicamente es mucho más pausada de lo que él desearía sí que le colma emocionalmente. Por último muestra preocupación por su familia, que no sabe cómo se encontrará, y por un amigo íntimo con el que se peleó y que se encuentra en el otro bando.

Juan eslava galán.

Decía uno de los nacionales: "¡Rogelio!" Y contestaban los rojos por su altavoz: "¿Qué?" "¿Qué habéis comido hoy?" "¡Lentejas!" "Nosotros, guiso de papas con carne de buey." "Con carne de buey, ¿eh?", se mosqueaba el rojo. "¡Con carne de tu madre!" "¡De la tuya!" "Si no fuerais tan cabrones, no daríais tanto por culo, ¡hijos de Franco!" "¡Y si vosotros no fuerais hijos de la Pasionaria, a lo mejor sabíais quién es vuestro padre, que no me cago en vuestro padre porque a lo mejor soy yo!" "¡Esa boca pide polla!" "¡Tu culo es el que pide polla!" Y en ese plan.

El diseño de personajes, construído con calma, poco a poco, con el saber hacer de quien modela a partir de acciones y sentimientos comunes a todos, y localismos en el habla que, a quienes tenemos ascendiente andaluz, nos son familiares, este diseño de personajes, digo, está muy logrado. Y Eslava Galán no lo tenía fácil bajo mi punto de vista. Ha elegido a un criado convencido de su condición y que se ha pasado al bando nacional como protagonista. En torno a él se desarrollan varios perfiles típicos de diversa ideología o sin ella, pero todos con una justificación producto de la inspección minuciosa de los vericuetos de la psique humana en la que no se trata de malos y buenos. Y ese es el mayor logro de esta particular historia: la mala, la realmente mala en toda la narración, es la guerra, capaz de generar ilusiones y anhelos por una parte para por otra destruirlos y convertir a las personas y lo que son en cenizas y humo.

Franco en Burgos.
Esta novela no es especialmente entretenida bajo mi humilde punto de vista, ni tiene virtudes realmente exageradas, aún con una narración muy hábil y un saber hacer al construir la historia muy de agradecer. Pero tampoco tiene grandes defectos dignos de mención, y sí más de un pasaje para disfrutar de un sutil sarcasmo en muchas situaciones y una magistral polifonía de mano de variopintos personajes.

"-Franco es... recortaíto. Muy alto no es, y panzoncete, que cuando lo ves andar parece que las borlas del fajín le van a llegar al suelo. Los pies muy chicos, ¿sabéis?, con sus botas altas y sus espuelas y -titubea- un poco culón, creo yo."

LO PEOR DE LA NOVELA.

Quizá el tono átono de la narración y la ausencia de suficientes puntos de inflexión nos produzcan la impresión más de una descripción alargada que de una novela. Pero vamos, molesta poco y quizá simplemente sea a gusto personal.

LO MEJOR DE LA NOVELA.

Sin lugar a dudas la construcción del protagonista y sus miedos y anhelos, así como el fino sarcasmo que se desprende de muchas de las situaciones planteadas.

Acemileros en la Guerra Civil española.
 CONCLUSIÓN.

Es una más que decente propuesta y muy bien escrita. Aunque sólo sea por abordar esta temática desde un punto de vista atípico y en cierto punto socarrón y triste a un tiempo merece la pena.

martes, 26 de marzo de 2013

El castillo blanco, de Orhan Pamuk





















Un joven científico veneciano que navega hacia Nápoles es capturado por los piratas y llevado a Estambul convertido en esclavo. Una vez allí acabará en manos del Maestro, con quien iniciará una inquietante relación marcada por el hecho de ser como dos gotas de agua físicamente. Llegado el momento el Maestro aprenderá todo lo que puede del joven científico veneciano hasta llegar a una obsesión enfermiza por la ciencia y el papel de soledad intelectual al que está abocado en Estambul. A través de la búsqueda científica y literaria poco a poco las identidades se irán confundiendo, hasta que la búsqueda sea una introspección personal a través del conocimiento de los más ocultos secretos del otro y de su historia personal y familiar.

Orhan Pamuk.
Novela con un arranque magistralmente narrado, que promete un deleite tanto para los ojos a través de su espectacular prosa como para el cerebro por la subyugante temática de los Sosias en la que nos vemos sumidos. Hay quien también ha querido ver la dialéctica entre Oriente y Occidente en el libro, aunque yo no creo que sea la principal lectura del mismo. La conclusión es si cabe aún mucho mejor, emocionante y trascendente como pocas novelas pueden conseguir.

En cambio, ahora pienso que mi vida habría cambiado en realidad de no ser por aquel breve ataque de cobardía del capitán. Es algo sabido que la vida no está predeterminada y que todas las historias son una cadena de casualidades. Pero incluso los que son conscientes de esa realidad, cuando llega cierto momento de su existencia y miran atrás, llegan a la conclusión de que lo que vivieron como casualidades no fueron sino hechos inevitables. Yo también pasé por una época parecida; ahora, mientras sueño con los colores de los barcos turcos que aparecían en la niebla como fantasmas e intento escribir mi libro en una vieja mesa, creo que esa época es la mejor para empezar y acabar una historia. 

Sin embargo algo que no me esperaba al ver las críticas de esta novela es el chasco de desarrollo en el que la trama se embarra innecesariamente. El juego de roles a través del físico, la introspección a través de los pecados o la siempre insatisfecha búsqueda científica se repite en una sucesión de capítulos casi idénticos en los que se manejan estos temas de forma confusa y como "a salto de mata". Esta idea viene reforzada por la propia confesión del autor que nos dice que fue improvisando algunos de los rasgos fundamentales de los personajes y la trama. Así lo que comienza siendo una apasionante reflexión sobre uno de los grandes temas de la literatura finaliza corrompiéndose en un desarrollo caótico y monotemático sin aparente solución de continuidad. Una verdadera lástima.

Y es que no hay nada mejor que informarse y ponderar las opiniones de otros, y nada peor que otorgar el principio de autoridad magister dixit sólo por proceder de un famoso, en este caso el señor John Updike.

Estamos ante un libro magistralmente escrito en su planteamiento y conclusión, con una temática subyugante, pero que fracasa estrepitosamente en un mar de confusiones reiterativas en su desarrollo.


LO PEOR DEL LIBRO.

Sin lugar a dudas la perpetua reiteración del intercambio identitario y otros temas en el desarrollo. También me ha molestado bastante el hecho de que el autor se compare con Cervantes al principio o al final del libro (según él homenaje a Cervantes). Ojalá se hubiera parecido a Cervantes, quien tenía mucho más claro que este señor cómo plantear la temática de la identidad, del "ser" a través del ilusionarse, y del "yo" y los "otros" que tan magistralmente planteado está en el Quijote y que aquí, con todo el camino hecho, dicho sea de paso, se enloda innecesariamente. El ambiguo final, del que el autor tampoco conoce realmente qué ha pasado según cuenta, es prueba de todo esto.


Puesta de sol en Estambul.
LO MEJOR DEL LIBRO.

Una prosa realmente magnífica, que alcanza cotas de comunicación emocional y trascendencia muy altas, como pocas veces he leído. Ejemplo de ello es el párrafo que más arriba cito. Y es que como insinúa el señor Pamuk, cuando uno se hace mayor desea encontrarle un sentido a la vida, si es que lo tiene, y a lo que ha sido uno, si es que ha sido algo. Quizá para no confesarnos el hecho de que nuestro más ansiado anhelo, como ese castillo blanco de la novela, es inexpugnable, y nunca lo conseguiremos.

CONCLUSIÓN.

Un amante de la literatura no debería perdérselo, aún con sus defectos, aunque sólo fuera por la espectacular prosa y la clásica temática que forma parte de los grandes universales.

PREMIO NOBEL DE LITERATURA 2006.

La concesión del nobel a Pamuk, como en otras ocasiones de la historia, no sólo tiene que ver con literatura. Hay quien ha tomado esta obra como la parábola de una Turquía en busca de su modernidad, atascada por el esencialismo cultural. Y aunque no sea por esta obra, Pamuk ha sufrido un proceso en su propia tierra por denunciar el genocidio kurdo, que le llevó al exilio en USA. En definitiva, Pamuk es un personaje mediático, que defiende la tolerancia multicultural.


jueves, 21 de marzo de 2013

Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago


  
José Saramago recogiendo el Nobel (1998)
En 1995 abrió sus ojos al mundo Ensayo sobre la ceguera, del literato portugués premio Nobel de literatura en 1998, José Saramago.
Como bien indica el título, ésta no es sólo una novela, sino mucho más. Es un ensayo profundo,  moral y humano que tiene como hilo conductor una historia a ratos dramática y a ratos cómica basada en un supuesto ficticio que nos invita a pensar.

ARGUMENTO

Un día cualquiera un hombre cualquiera se queda ciego de repente cuando estaba al volante de su vehículo parado en un semáforo en rojo. Rápidamente la gente en la calle le auxilia y un anónimo se presta a llevarle a casa. Cuando su mujer regresa y descubre lo que le ha pasado le acompaña al médico quien, atónito, no encuentra daños físicos ni explicación alguna para la que parece una “ceguera blanca”.   


José Saramago
En los momentos posteriores se van sucediendo más casos como ése, siempre en personas que tuvieron algún tipo de contacto con el primer ciego, y en otras que los tuvieron de aquéllos. Entonces, alarmadas, las autoridades idean una solución para acabar con lo que tiene visos de ser una epidemia y habilitan un antiguo manicomio como sanitario para poner a los ciegos blancos en cuarentena. Aislados del exterior y acordonado el edificio por militares, pasan a estar sometidos a una serie de normas, a restricciones de alimentos y, en resumen, sobreviven como  malamente pueden.
Conforme pasan los días la situación se encrudece con la llegada de nuevos ciegos, la falta de sustento, la ausencia total de higiene y la creciente anarquía en su micro-mundo que deriva en violencia, en el sometimiento de muchos sobre pocos y en una lucha por la supervivencia inimaginable en la sociedad actual.

PERSONAJES

El análisis de personajes es muy significativo en la obra. No conocemos el nombre de ninguno de ellos, y esto es, simplemente, porque el autor nos priva de su identidad más allá de los datos que son relevantes para la historia, igual que les priva a ellos del sentido de la vista, porque cómo se llamen no tiene ninguna importancia. Puede ser cualquiera. En su lugar nos indica para ellos algún dato identificativo en forma de epíteto propio de la oralidad.

"Dentro de nosotros existe algo que no tiene nombre y eso es lo que realmente somos"

Así, el grupo protagonista está compuesto por el primer ciego, la mujer del primer ciego, el médico, la mujer del médico, el ladrón de coches, la chica de las gafas oscuras, el niño estrábico y el viejo de la venda negra.
Cada uno de ellos tiene su lugar en la novela, pero quizá es la mujer del médico la que realmente destaca en el relato, tanto a nivel narrativo como a nivel argumental. Y es que ella es la única que conserva la vista, la única que no ha sido contagiada y por la que conocemos la realidad de lo que pasa en el grupo. La mujer del médico, entonces, se convierte en los ojos del lector y en ella se apoya Saramago para describir e interpretar los hechos.

GÉNERO Y TEMÁTICA

Con dudas podríamos catalogar, además, esta historia extraordinaria como de ciencia ficción porque tiene muchos elementos que hacen pensar en ello. Sin saber las causas ni el porqué de los sucesos nos sumergimos en la lectura de una epidemia catastrófica que amenaza con la destrucción de la sociedad y el mundo tal y como lo conocemos para dar paso a uno primigenio, muy distinto, que pone a prueba al ser humano como especie y lo degrada en masa. La pregunta condicional “ ¿Y sí (...)?” aquí tiene una fundamentación estelar. ¿Y si todos nos quedáramos ciegos de repente? Para responder al supuesto Saramago crea esta novela-ensayo que puede aproximarse mucho a lo que quizá sucedería en tal caso. Nos ha costado miles de años llegar a ser lo que somos como individuos y como seres sociales, hemos creado un sistema, una red de bienestar incomparable a ninguna otra en nuestra trayectoria y hemos evolucionado a lo que hasta ahora es el clímax de la humanidad. ¿Esto es cierto o es sólo una ilusión?  ¿Sobreviviríamos como ciegos en un mundo de ciegos? ¿Seguiríamos siendo seres  civilizados”?

"La muerte anda por las calles, pero en los corrales la vida no se ha acabado"

 Entonces, en el supuesto, la de Saramago es una visión pesimista del hombre, al que muestra débil y vencido con sólo la privación de uno de sus cinco sentidos. De hecho, es esa debilidad vital, ese estado de sentirse perdido en el mundo, uno de los ingredientes que utiliza el autor para provocar la hilaridad en el lector, creando situaciones a la vez tan cómicas y dramáticas que   parecen razonables.
Como vemos, el proyecto de Saramago era muy ambicioso y, no sólo lo plasmó bien, convincente y empático, sino que resulta insuperable al enriquecerlo con temas tan esenciales y trascendentes que el resultado muchas veces parece carente de irrealidad. Así, las relaciones personales en este escenario adverso combinadas con los instintos más primarios como son el de supervivencia, el de la búsqueda de alimento, de cobijo, y el apetito sexual, forman un completo   compendio de aventuras y luchas inherentes a la condición humana. El alimento se verá ligado al poder y el poder a su vez a la violencia; la violencia se entremezcla en el aspecto sexual,  y éste a la muerte. Así, la muerte de unos llevará a la liberación de otros.
Todos estos temas se ven reflejados en la novela de una forma lineal y natural, al igual que otros, más secundarios, como la insignificancia que supone para dos nuevos y ciegos enamorados la diferencia de edad o la propia y ajena apariencia -es decir, el “amor ciego” tomado de forma literal-.

NARRATIVA

Como decíamos, aquí drama y comedia van de la mano y ésto es algo muy de aplaudir en el autor. Cómo consigue, en situaciones límite para los personajes, sacarnos una sonrisa es admirable. Generalmente este efecto lo consigue precisamente al describirnos él como narrador omnisciente o bien a través de la mujer del médico episodios donde la ausencia de vista les hace  actuar como si fuesen niños, débiles, insignificantes; como si con el sentido de la vista hubieran perdido también el del ridículo.  Además, al comportarse como si nadie les viera, cada uno se muestra tal como es, sin reprimirse en nada, sin justificar nada; nadie les puede acusar, nadie se reirá, nadie sabrá muchas cosas personales que en circunstancias normales no se atreverían a hacer. De este modo es esa honestidad pueril unida a la comicidad que supone algunos momentos risibles creados en la novela lo que Saramago utiliza como herramienta para  la combinación de estos géneros tan extremos.
La parábola de los ciegos, de Bruegel, citada en la novela


 Atendiendo al ritmo podemos decir que es bueno, facilitando la agilidad lectora. De hecho, el autor obvia sencillamente aquellos elementos que no son necesarios para la historia y, sin embargo, se recrea en otros muchos que sí significan algo para la comprensión total del relato y su trasfondo. De esta manera vemos cómo el principio de la historia, donde se nos presentan la mayoría de los personajes y se prepara el desarrollo, es muy rápido. ¿Por qué? Porque realmente no son necesarios nombres o apellidos, detalles anteriores a los sucesos ocurridos, o la propia causa de la cadena de cegueras.  

"La vida se entregó a nuestras manos tras habernos hecho inteligentes, y hasta aquí la hemos traído"

A la hora de contextualizar la historia nos es casi imposible ubicarla en un espacio y un tiempo determinado. No sabemos -porque los propios personajes no lo saben- de qué forma transcurre el tiempo, cuándo acaba un día y empieza otro, y tampoco cuál es el espacio que lo enmarca todo, su tamaño o su importancia; es decir, no conocemos si es una ciudad grande, pequeña o incluso un país, ni tampoco hasta dónde se extiende la epidemia. Y no lo sabemos porque no es importante, porque, como sucede con los nombres y algunos datos de los personajes, puede ser cualquiera.
Es más, toda esta carencia de información ayuda a que nos sintamos, como receptores, en cierto modo atraídos por conocer el resultado de todo, y a que se avive el suspense hasta el final, que es, por cierto, inesperado.
En cuanto al estilo, cualquiera que haya  leído algo de Saramago sabrá de lo que hablo cuando digo que cuesta trabajo seguirle. Y es que, no por ignorancia ni por chulería, se permite puntuar el texto como le viene en gana y utilizar las mayúsculas del mismo modo. Según él, escribe simplemente para sí mismo y es por eso por lo que no pone cuidado a la hora de redactar. Quizá haya algo que se me escapa o esto es un embuste, pero no creo que sea coherente presentar así un libro al mundo y que, encima, te den un Nobel. Así, todo lo bueno que tiene el ritmo narrativo se pierde en intentar pausar correctamente el texto, y esto es una pena.
Por otro lado, algo a favor que se ve claramente en el libro es el empleo de refranes y dichos populares, a veces tan sabios y acertados, que acercan y aclaran los conceptos más complicados a cualquier tipo de lector.

LO MEJOR

Sin duda, el planteamiento y el desarrollo de la historia son los puntos fuertes de la novela. La idea -original y bien llevada-, la selección de personajes y los temas -tan propios del género humano que cualquiera puede empatizar con ellos-, y la buena combinación entre drama y humor en un mundo de ficción, hacen de esta compleja narración un libro entretenido y enriquecedor que no deja indiferente a nadie.

LO PEOR

Escena de la película Blindness (A ciegas) basada en la novela
.
A parte del sistema de puntuación propio (que dificulta la lectura y ralentiza el ritmo bien logrado por otros aspectos) y de que por eso mismo muchas veces no sabes qué personaje hace, dice o piensa qué, existe algo en la novela que resulta incómodo (por lo que es y porque es exagerado) a lo largo del relato. Me refiero a la escatología. Muchas veces, sobre todo hacia la mitad del libro y durante bastantes páginas, Saramago nos describe la falta de higiene y las condiciones infrahumanas en las que viven los personajes de la cuarentena de una manera nada comedida. Eso, personalmente, creo que sobra, o por lo menos que sea tan repetido.


"Creo que nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos, ciegos que ven, ciegos que, viendo, no ven"

Cartel de la película Blindness (A ciegas)

CONCLUSIÓN

Ensayo sobre la ceguera, aunque podamos tener la idea preconcebida de todo lo contrario, es un libro muy entretenido, dinámico, atractivo y profundo. Si dejamos a un lado lo descrito en el párrafo anterior y valoramos el ingenio y el propio contenido, para quienes no lo hayan leído es muy recomendable.

VERSIÓN CINEMATOGRÁFICA

-          Blindness (A ciegas), del director brasileño Fernando Meirelles. 2008.




miércoles, 20 de marzo de 2013

El símbolo perdido, de Dan Brown


Robert Langdon, especialista en simbología, es conducido por sorpresa a dar una conferencia en el Capitolio, Washington, para un amigo masón y filántropo que se ha quedado a última hora sin ponente. Cuando llega allí se da cuenta de haber caído en una trampa, en la inquietante y sádica argucia de un siniestro individuo que pretende del profesor que le revele el gran secreto masónico oculto entre las piedras de la capital americana.

Dan Brown.
Dan Brown, que encontró la mejor manera de generar dinero mediante la conjunción de ciencia y religión en Ángeles y demonios y la confirmó con creces en El código da Vinci, sigue en esta novela con la misma receta y el mismo protagonista.

Las características que han hecho famoso a este nada prolífico pero sí polémico autor son bastante evidentes. Una trama muy ágil, propia de un guión cinematográfico, la clásica intriga al final de cada capítulo (a menudo de un modo tan ramplón que extraña que funcione), una prosa absolutamente llana, comercial e incluso llevada a extremos de sencillez, la hipérbole descriptiva en cada una de sus manifestaciones que lo pone fácil a la imaginación y a la incentivación de la curiosidad por parte de lectores de toda condición...

La elaboración de teorías al margen de la oficialidad en torno a temas espirituales y científicos que tocan de cerca a millones de personas con la constante de "te voy a desvelar el mayor secreto del universo, que puede cambiar el mundo que has visto hasta ahora" es uno de los ingredientes principales, pero no exclusivo. Dan Brown inventa de hecho poco o nada, a pesar de la rarísima habilidad para combinar diferentes teorías y datos en una trama de thriller y salir airoso. Eran y son muchos los que con anterioridad han hecho exactamente lo mismo (por ejemplo Eslava Galán por poner un caso conocido). Entonces, ¿en qué se diferencia el éxito de este autor? En mi opinión en el talento para servir el plato de una manera comprensible, emocionante e inmediata como pocas veces antes se ha visto en la novela comercial. O por decirlo llanamente, el hecho de que enganche es fundamental. A uno le pueden decir que Jesucristo se acostaba con María Magdalena, y que de dicha unión surgió la descendencia llamada Sang Real (Sangre Real), es decir, el Santo Grial, que si al decírnoslo no se le pone un toque de misterio y se hace jugoso y además asequible no se logrará los millones de lectores que ha logrado este señor. Y ejemplos hay varios, porque el tema de El código da Vinci ya ha sido tratado en varias ocasiones con anterioridad.

Capitolio y Obelisco en Washington.
En cuanto al libro que nos ocupa mantiene todas estas características, y también tiene grandes defectos. Uno de ellos es precisamente esa sencillez de la narración que a mí no me confunde: eso en mi pueblo se llama incapacidad para hacer literatura (por mucho que este tipo fuera profesor de literatura, me la pone al pairo, vamos). Es decir, escribe de pena. Es por ello que recursos pobres para describir pensamientos o emociones se repiten sin descanso de un modo evidente, porque no es capaz de hacerlo de otra forma o le cuesta bastante. El clásico texto entrecomillado para denotar que es el pensamiento, es una viñeta de cómic que está presente en cada página, y queda francamente mal. Además, para darnos lecciones de semántica y etimología debería mirarse bien cada una de las frases que utiliza y no sólo las palabras sobre las que se ha documentado previamente. No, Dan, no... el obelisco que hay en Washington no es una "monolítica estructura". Monolitos son los de Egipto, este no, porque se compone de sillares pétreos en un aparejo regular, y no de una sola (monos) piedra (litos). Y como esto que acabo de describir hay algunos gazapos más, lo que le resta parte de gracia a las explicaciones de lengua y simbología porque te das cuenta que están urdidas como un collage de documentación previa que no se asume demasiado bien por parte del autor.

La Biblioteca del Congreso en Washington.
La narración de los hitos científicos o pseudocientíficos puede llegar a ser verdaderamente pesada, no porque no sea interesante, sino porque la prosa de Brown no soporta más de dos o tres páginas de descripción sin llevarse uno las manos a la cabeza. Y es que este hombre no es un literato, sino un novelista. Hay también nexos de causalidad dentro de la trama que están cogidos con pinzas, que no son nada creíbles o que directamente serían totalmente ilógicos en un mundo normal, y que nos los mete (o nos la mete) con calzador porque le viene bien para el supuesto apoteósico final. Por último tengo que decir que la poca gracia que me hacía se desvanece al descubrir hacia el tercer cuarto del libro la sorpresa final. Es predecible hasta la saciedad porque el mismo autor se encarga de dejarte las pistas a lo largo del libro como si del código secreto se tratara, a ver si el lector lo descubre... ¡y claro que se descubre! ¡Dan, por Dios, que la intención está muy bien, pero tú no eres Leonardo o los masones! ¡Que tú dejas pistas y se pilla todo enseguida!

La Casa del Templo en Washington.
La profundidad de la que hacen gala los personajes es simétrica a la profundidad de la trama y está totalmente supeditada a esta. No hay nada en la descripción psicológica de los actores del drama a efectos de identificación con ellos, y las motivaciones, que sí están, son bastante primarias. De hecho que el personaje central del libro sea un estirado profesor de Harvard y sus compañeros de aventuras grandes magnates o científicos muy por encima de la inteligencia de cualquier ser normal es un hecho raro y arriesgado. Sin embargo para mi sorpresa le sale bien y la gente lo lee sin reparar mucho en ello.

Este señor vende un secreto que cambiará el mundo, y como al llegar al final del libro es obvio que no conoce ningún secreto las explicaciones de las últimas páginas son de risa o de pena, según prefiera usted. Para eso es mejor desvelar la trama más superficial y dejar en la ignorancia o dar por perdido ese secreto para siempre. Si además intentas explicar científicamente algo infumable es muy posible que te puedas cargar la poca gracia que le haya causado a alguien el libro.

Iniciación de un masón.
LO PEOR DEL LIBRO.

La prosa, difícilmente digerible. Defectos semánticos a la hora de expresarse. Causalidades y consecuencias ilógicas dentro de las acciones de los personajes.

LO MEJOR DEL LIBRO.

La Apoteosis de Washington en la cúpula del Capitolio.
La trama es por momentos trepidante, es capaz de mantener en muchas ocasiones cotas de tensión alta gracias a su capacidad para hilvanar y exagerar acciones y dejarte con la intriga para el siguiente capítulo.

CONCLUSIÓN.

Yo también veo los defectos (no son pocos). Pero en los últimos años son muchas las voces, principalmente de escritores, que se han cebado con el modo de escribir de Dan Brown. Yo quiero decir que este hombre tiene un valor, y que no es poco como valor, de hecho en dinero contante y sonante es mucho: sus libros son ultra entretenidos. A los escritores que se quejan demasiado por su modo de escribir se les ve la pluma de la envidia a una legua, y a quien dice que no se debería hacer lo mismo (me guste a mí o no) se les debería preguntar: ¿por qué? ¿Acaso este hombre es el primero en jugar o reinventar los elementos de la historia? En la ficción se lleva haciendo siglos, es lícito y no pasa nada. Todo lo demás son las ganas que tienen algunos de ganar la pasta que ha ganado este hombre. Y no hay más.

PRÓXIMO LIBRO DE DAN BROWN.

Su próxima novela se titula Inferno y tendrá un lanzamiento editorial mundial el día 14 de mayo de 2013. Está ambientada en Florencia y parte fundamental de su trama se basa en La Divina Comedia, de Dante.

jueves, 28 de febrero de 2013

Asesinato en Mesopotamia, de Agatha Christie

 



















Una enfermera, Amy Leatheran, que se encuentra en Bagdad es contratada al servicio de una dama que junto a su marido arqueólogo reside en un yacimiento arqueológico. La dama en cuestión, Louise Leidner, sufre ataques nerviosos a causa del pánico, pues tiene un miedo recurrente a ser asesinada. Un turbio pasado de espionaje y traiciones la persigue. Cuando es hallada muerta todos los residentes y componentes de la expedición en la gran casa árabe donde se alojan serán sospechosos del crimen.

Hércules Poirot.
Un relato al más puro estilo Agatha Christie, en el que el número de sospechosos, el escenario y las circunstancias personales de cada uno están acotados y definidos. Sólo falta esclarecer quién es el culpable, y para ello aparece en escena el legendario detective Hércules Poirot.

La novela nos puede recordar a otras historias muy similares con elementos prácticamente idénticos, como Asesinato en el Orient Express o Muerte en el Nilo. La autora despliega así todos los ingredientes de su mejor y más famosa receta a la hora de establecer las pautas de la investigación. Y es que como las anteriormente citadas en esta el lector conoce también los mismos detalles que el detective, y desafia así al descubrimiento del caso antes de las conclusiones de su protagonista.

Los puntos flojos de este libro son los ya consabidos de antemano en la autora: una prosa casi exclusivamente funcional y práctica que deja poco quehacer a prosaicas figuras literarias. Como en Muerte en el Nilo el libro chirría excesivamente por lo somero de una ambientación que debería ser romántica, y sin embargo se queda en colonial. Pero en genuinamente colonial, pues los apuntes sobre Irak y los árabes de Agatha Christie son todo un manifiesto de clase y de pertenencia al imperio por parte de la autora sin pretenderlo formalmente. Sin embargo no son tan abundantes ni tan intencionados como para hacernos pensar en abandonar la lectura. El tufillo a racismo llega hasta nosotros, pero quién sabe si ella misma no se consideraba liberal comparada con las tendencias de la Europa de entonces (década de los treinta).

Agatha Christie.
Casi siempre he ensalzado la inteligencia que despliega a la hora de manejar los ingredientes de su receta. Sabiamente dosificados y perdidos entre un mar de informaciones, casi todas útiles, si no para descubrir al asesino, sí para desechar sospechosos, nos proporcionan en realidad los datos para conocer al culpable, y una vez perdidos del todo darnos en la frente al reconocer que hemos tenido ante las narices todas las pistas sin saber enlazarlas

Sin embargo hay otro defecto fundamental, y es que no se descubrirá quizá por las deducciones al culpable, pero sí por el recurso formal utilizado para olvidarnos de él. Si no presentas a uno de los personajes principales durante casi toda la investigación, está claro que intentas inducir al olvido del mismo, y por lo tanto ese es el asesino. La novela no es pues tan redonda como cabe esperar.

Como curiosidad cabe destacar que no era este un ambiente desconocido para la escritora, ya que fue esposa durante mucho tiempo de un arqueólogo y convivió con los miembros de las expediciones en los lugares que retrata. Para los biógrafos o estudiosos de la vida de Christie de seguro es un buen pastel desentrañar quién es quién en este libro, pues a pesar de haber cambiado los nombres se reconocen a personas que ella conoció personalmente.

LO PEOR DE LA NOVELA.

Ciudad sumeria de Ur, con zigurat al fondo.
Se descubre por un recurso formal evidente al culpable antes que por las pistas planteadas. Escasa ambientación que dado el escenario sería muy necesaria.


LO MEJOR DE LA NOVELA.

Como siempre entretenimiento y suspense de mano de una inteligencia milimétrica y en ocasiones asombrosa.


CONCLUSIÓN.

Una novela entretenida. Gustará tanto a los amantes del género como a los lectores ocasionales en busca de un reto e intriga. Sin embargo no está a la altura de otras producciones.